Todo tiene su historia. También la belleza. Hay varios libros que tratan de la historia de la belleza.
La mujer es protagonista en este asunto. Su cuerpo es diseccionado con el filo de una pluma y va deteniéndose en los bellos accidentes de su geografía. Casi siempre en la boca, en la mayor parte de las ocasiones en los dientes.
La dentadura armoniosa, pero sobre todo blanca y sana, es obligada parada y fonda de los artistas que ponen atención en la belleza de la mujer.
También, cómo no, de los publicistas, que la exhiben como tarjeta de presentación.
Los dientes son perlas: nada nuevo, pues ya se adelantaron los poetas de muchos siglos atrás en resaltar esta cualidad.
Pero su valor no es material, sino que tienen el impagable precio de la belleza. “Marfil” es el título de un dentífrico de nuestras abuelas, también otro con la marca “Tentación”. Es una “secuela” de la belleza, alcanzable –rezan los anuncios- con el uso de una pasta de dientes. Tan sencillo, tan saludable.




